Milón de Crotona, el primer deportista

2026-08-31

Cuentan las viejas historias que, en la antigua Magna Grecia, nuestra Italia, vivió un hombre de fuerza sin parangón, cuya única comparación justa se encontraba en los mitos hercúleos: Milón de Crotona. Con seis victorias olímpicas, siete en los juegos Píticos, diez en los Ístmicos y nueve en los Nemeos, no conoció coetáneo al que llamar rival durante su época dorada. Dadas sus hazañas, historiadores como Jean-Manuel Roubineau lo consideran uno de los fundadores del deporte, y el primer gran atleta de la historia.

Por supuesto, distinguir realidad de ficción cuando hablamos de personajes tan antiguos es complicado. No sabemos dónde termina el Milón real y dónde comienza el mitológico. Aun así, intentaré dar un repaso rápido por los pocos datos que conozco de su vida, sean o no exageraciones.

Sabemos de él que nació en Crotona, al sureste de nuestra actual Italia, aunque en sus tiempos era territorio heleno (s. VI a. C.). Dicen que ya desde pequeño disfrutaba de un cuerpo privilegiado, y que rápidamente creció para convertirse en el indiscutible campeón olímpico de su tiempo.

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Mapa de la Magna Grecia. Crotona se sitúa en la costa oriental de Calabria. Fuente: Wikipedia.

Y crecer era consecuencia inevitable de su dieta. Para empezar, dicen que su alimentación diaria consistía en nueve kilos de carne y nueve kilos de pan, acompañados de unos siete u ocho litros de vino para ayudar con la digestión. En ocasiones excepcionales practicaba la bouphagia (βουφαγία), es decir, se comía un buey entero él solo, cual león con cebra. Y aunque estos números se hayan mitificado con el paso de los tiempos (no creo que consumiese el equivalente a cincuenta y cinco mil calorías diarias), está claro que Milón no era un escuálido vegetariano amante de las sopas: seguramente arruinaba a los anfitriones de todo banquete al que fuese invitado, especialmente si cometían el error de espetar (ὀβελίσκος) algún animal en su presencia.

Su dieta era mantenida por sus generosos ingresos, pues ya en tiempos de Milón los atletas de élite recibían pagas de élite. Sabemos esto por las críticas de los filósofos griegos hacia los deportistas profesionales, ya que creían que estos recibían demasiado y aportaban poco a las ciudades. Jenófanes de Colofón, por ejemplo, decía que "no es justo preferir la fuerza a la buena sabiduría", y Eurípides se preguntaba: "¿Cómo un hombre esclavo de sus mandíbulas y víctima de su vientre puede tener mayor riqueza que su padre?". Si los atletas estaban bien pagados, es de esperar que el máximo campeón de la Antigüedad fuese, como mínimo, rico, y no tuviese restricciones económicas a la hora de decidir su alimentación.

Sobre su fuerza, pues qué comentar. Dicen que se ataba cuerdas a la cabeza y las rompía apretando las venas de su frente; que se subía sobre un disco engrasado del que nadie era capaz de empujarlo; y que no había hombre con la fuerza suficiente para mover su meñique cuando cerraba el puño. La más increíble, en mi opinión, sucedió tras una de sus victorias en los Juegos Olímpicos: le dedicaron una estatua, y él mismo la cargó hasta el templo de Zeus en Altis, en el Peloponeso.

Su fuerza era tan temible que incluso decidía guerras. Diodoro de Sicilia, un historiador del s. I a. C., escribió:

Los de Síbaris dirigieron contra Crotona un ejército de 300.000 hombres, al cual opusieron los crotonitas 100.000 hombres, comandados por el atleta Milón, quien gracias a su extraordinaria fuerza fue el primero que hizo huir a los enemigos que tenía alineados frente a él.

Este hombre, que había vencido seis veces en Olimpia y cuyo cuerpo estaba dotado de fuerza innata, dicen que avanzó a entablar combate coronado con sus coronas olímpicas y pertrechado con la piel de león y la maza de Heracles; y se ganó la admiración de sus conciudadanos por ser el responsable de la victoria.

¡Un ejército de 300.000 hombres!

Pero Milón no era un bruto analfabeto, pues era buen amigo de Pitágoras, según nos cuentan Diógenes Laercio, Diodoro de Sicilia y Estrabón. Parece que era miembro de la secta de los pitagóricos, por lo que podemos asumir que tenía buenas nociones de geometría y otras ramas de la temprana filosofía matemática. Dicen que Pitágoras frecuentaba su casa, e incluso estaba allí el día de su muerte, convirtiendo a nuestro hexacampeón olímpico en un intelectual del más alto nivel.

Podemos decir lo mismo de su mujer, Myia, que era una conocida pitagórica de la época, hasta el punto de que Luciano de Samosata afirmaba que "[yo] podría decir muchas cosas sobre ella si no fuese porque su historia es conocida por todos". Desgraciadamente, esa cita es lo único que ha sobrevivido de su persona, aunque nos han llegado rumores de que era hija del propio Pitágoras, lo que explicaría su interés por la hacienda de Milón.

La hija de Milón, según Heródoto, se casó con Demócedes, un miembro de la escuela de medicina de Crotona, precursora de la hipocrática, de la que nace la medicina moderna, y cuyas enseñanzas aún se imparten en nuestras universidades.

En definitiva, Milón lo tenía todo: fuerza sobrehumana, un apetito voraz, incontables riquezas, formación académica superior y conexiones con las personas más famosas de su tiempo. Era un hombre completamente realizado en todos los aspectos de su vida, alguien al que todos deberíamos aspirar a replicar.

Pero su éxito le llevó a la arrogancia, y la arrogancia a la muerte. Cuentan que Milón se encontraba en el campo cuando un campesino le pidió ayuda para partir el tocón de un árbol que acababa de cortar. El campesino ya había comenzado el trabajo, e incluso había puesto unas cuñas para mantener ambas mitades separadas, pero Milón decidió presumir de que él podía partirlo solo con sus manos. El campesino, emocionado, marchó a por comida, y Milón procedió a abrir el tocón. Acto del destino, una de las cuñas resbaló, el tocón se cerró y la mano de Milón quedó atrapada en la madera. Lo que se encontró el campesino al volver fueron las sobras que los lobos decidieron dejar atrás una vez lo encontraron atrapado.

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Milón de Crotona por Joseph-Benoît Suvée, 1763. Recrea el momento en que el viejo Milón es devorado por los lobos.

Incluso en su muerte, Milón nos marcó el camino a seguir: lograr fuerza, inteligencia y dinero, pero nunca renunciar a la humildad con la que se comenzó.

Bibliografía y notas

Voy a hacerla un poco informal porque es bastante dispersa, pero la mayor parte de la información viene de Diógenes Laercio, de Fernando García Romero en su libro El deporte en la Grecia antigua y de Jean-Manuel Roubineau en su Milon de Crotone ou l'invention du sport. La Wikipedia en inglés también es muy completa.

Por cierto, cuando un hecho tenga dos versiones, me he tomado la libertad de escoger la que me parece más probable, o mezclar ambas si ayuda con la narrativa. Por ejemplo, sobre su muerte, Pausanias no menciona ningún campesino, aunque la historia queda coja sin él. Versiones posteriores añaden un león, animal salvaje poco creíble en la península itálica.